AFOSOFIA #2
Placer como persuasión. Cansancio como revelación. ¿Hasta cuándo obedecemos al cuerpo?
El impulso originario de nuestra conciencia es hacia la muerte, la vida sólo se sostiene gracias a mecanismos químicos que nos brindan placer a cambio de acciones que promueven la supervivencia.
El cuerpo despliega una farmacia interna de recompensas —dopamina, endorfinas, oxitocina— que refuerzan conductas pro-vida: comer, beber, reproducirse, vincularse. Pero estos biofeedbacks no son un fin en sí mismos, sino propaganda vital. Pequeños sobornos que persuaden a la conciencia de seguir.
Lo que llamamos “bienestar” es casi siempre un micro-estrés (ejercicio, calor, sexo, risa) neutralizado con placer, diseñado para mantenernos en movimiento. Pero la conciencia ve a través de ese mecanismo. Sabe que cada satisfacción se agota, que los ciclos se repiten, que nada se sostiene. Desde allí surge su impulso constante hacia la muerte: un deseo por el silencio y reposo absoluto. La existencia entera es, entonces, una lucha entre el cuerpo que premia la supervivencia con placer y la conciencia que ansía soltar.
El envejecimiento modifica este equilibrio. Al declinar los circuitos dopaminérgicos y atenuarse las recompensas, el cuerpo pierde poder de persuasión. La conciencia gana peso relativo e incluso al elegir vivir, el impulso de muerte se vuelve predominante. Lo que desde afuera se percibe como declive, desde dentro puede vivirse como liberación. Así surge la última elección radical: dejar de obedecer al cuerpo y responder al llamado que siempre estuvo ahí.
***
En los rostros jóvenes reconozco la chispa del comienzo; en los mayores, la fidelidad a un fervor que no se apaga. Mi generación lleva en el cuerpo las marcas del tiempo: el peso que se acumula, el cabello que se pierde, la vista que se esfuerza, los reflejos que se enlentecen.
En los demás descubro la persistencia del entusiasmo; en mí, en cambio, las huellas de un cansancio más hondo, ese que no sólo se asienta en los huesos, sino también en una llama que supo brillar más intensamente.
***
No hay mejor lector que otro escritor.
Nicolás Andrés Ferreiro-Saez
Narrativas sobre el fin de la naturaleza, la tecnosfera, la escritura y la melancolía sistémica, para entender por qué nos volvimos así.
Esto no empezó acá.
La cabeza del Ouroboros está en AFOSOFIA #1


